El
afrontamiento se define como el esfuerzo individual, cognitivo y
conductual usado para controlar las demandas valoradas como
superiores a los recursos personales; son las cosas que hacemos las
personas para reducir los estresores de la vida diaria. No hay un
estilo apropiado de afrontamiento; algunos pueden funcionar mejor en
formas específicas de conflictos o contextos.
Generalmente podemos identificar dos tipos de estrategias de afrontamiento: centradas en la emoción y centradas en el problema.
El afrontamiento centrado en la emoción se refiere a los intentos de reducir el distrés manipulando
cognitivamente las emociones y sentimientos, como la reestructuración
cognitiva o el pensamiento positivo. Ejemplos de este tipo de
afrontamiento sería decirnos a nosotros mismos que un problema no
tiene tanta importancia , que no vale la pena preocuparse o usar un
pensamiento positivo como “si estudio duro pasaré el examen”.
Al
contrario, el afrontamiento centrado en el problema se refiere a los
esfuerzos dirigidos a la definición del problema y actuar para
eliminar o evitar la fuente del estrés, como la acción directa o la
búsqueda de ayuda. Ejemplos de este tipo de estrategia de
afrontamiento serían estudiar más para aprobar un examen, salir a
la calle a buscar trabajo (en caso de tener el problema de
encontrarse en desempleo) o pedir ayuda a un amigo/familiar para
resolver un problema.
Qué
estilos de afrontamiento son efectivos?
Mientras
que todos los estilos de afrontamiento tienen el potencial de reducir
el distrés, la investigación del afrontamiento ha encontrado que,
generalmente, el afrontamiento centrado en el problema es el más
efectivo (Bernas & Major, 2000; Rotondo et al., 2003). Sin
embargo, algunos estudios han sugerido que el afrontamiento centrado
en la acción solo es efectivo cuando las situaciones son
susceptibles de cambiar; al contrario, cuando los individuos tienen
poca capacidad para cambiar los estresores, el afrontamiento centrado
en la emoción es preferible.
Por
tanto, según esta información, siempre que podamos o esté en
nuestras manos resolver una situación es mejor usar una solución
centrada en el problema y en el caso de que el cambio no dependa de
nosotros, centrarnos en una estrategia centrada en la emoción.

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